Hay películas que necesitan mundos enormes, decenas de personajes y grandes efectos para construir su propuesta. Exit 8 hace prácticamente lo contrario: un pasillo de metro, muy pocos personajes y una regla extremadamente sencilla. Y con eso consigue montar un juego bastante original.
La película de Genki Kawamura adapta el videojuego independiente The Exit 8, creado por KOTAKE CREATE. Su premisa es prácticamente la misma: estamos atrapados en los pasillos de una estación y debemos observar cuidadosamente nuestro entorno. Si todo parece normal, avanzamos; si detectamos una anomalía, debemos actuar de acuerdo con las reglas. Un error significa volver atrás.
Y lo que más me ha gustado es cómo esa mecánica funciona también como película. Al principio observas al protagonista, pero enseguida empiezas a jugar tú también. Cada vez que vuelve a recorrer el mismo pasillo estás mirando los carteles, las puertas, las luces, las personas... intentando descubrir qué ha cambiado. Una pequeña diferencia puede significar que algo va mal.
Ahí es donde me ha recordado bastante a Cube. Evidentemente son películas diferentes, pero comparten algo que siempre me resulta atractivo: un espacio cerrado con unas reglas desconocidas. Los personajes no saben exactamente dónde están ni por qué funciona así ese lugar. Para escapar no basta con correr; primero tienen que comprender el mecanismo.
Además, Exit 8 aprovecha precisamente sus limitaciones. El escenario repetitivo, que en otra película podría ser un problema, aquí forma parte del juego. Cada nueva vuelta provoca que prestes todavía más atención porque ya conoces perfectamente cómo debería ser ese pasillo. Y cuanto más familiar te resulta, más inquietante resulta encontrar algo que no debería estar ahí.
También me gusta que no convierta la propuesta simplemente en una sucesión de sustos. Hay intriga, momentos inquietantes y algunas imágenes bastante potentes, pero lo que mantiene el interés es principalmente la observación y la incertidumbre. Quieres descubrir la siguiente anomalía y, sobre todo, entender cuáles son exactamente las reglas de ese extraño lugar.
Es verdad que la propia estructura hace que pueda resultar repetitiva. Estamos recorriendo una y otra vez prácticamente el mismo espacio y es una idea difícil de estirar durante un largometraje. Pero conmigo ha funcionado porque entré en su juego.
Y eso es probablemente lo que más valoro de Exit 8: con muy poco consigue hacer algo diferente. No pretende construir una enorme película de ciencia ficción o terror. Parte de una mecánica tremendamente sencilla y convierte al espectador en otro jugador.
Una pequeña rareza japonesa que me ha hecho recordar a Cube y que demuestra que, cuando tienes una buena idea, a veces no necesitas mucho más.
⭐ 7/10


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