Y luego otra.
Porque aparentemente estamos ante un thriller judicial sobre un hombre acusado de cometer y grabar unos crímenes atroces. Sin embargo, Pascal Plante toma una decisión mucho más interesante: desplaza progresivamente el centro de la película desde el acusado hacia las personas que lo observan.
Y especialmente hacia Kelly-Anne.
Hay algo que agradezco muchísimo: Red Rooms entiende Internet.
No utiliza la dark web como simple decoración para dar miedo. Todo el ecosistema digital de Kelly-Anne resulta coherente con el personaje: privacidad, anonimato, criptomonedas, Bitcoin, Tor, comunidades online, mercados clandestinos, póker, seguridad informática...
Incluso referencias como Reddit ayudan a construir un mundo reconocible.
Parece una tontería, pero no lo es. En muchísimas películas basta con que aparezca un hacker escribiendo furiosamente delante de seis monitores para que tengamos que aceptar que sabe informática.
Aquí no.
Kelly-Anne parece realmente una persona que vive dentro de Internet.
Y eso es esencial para comprenderla.
El póker podría parecer inicialmente otra característica excéntrica del personaje. Para mí acaba convirtiéndose en una de las claves de toda la película.
Kelly-Anne observa.
Busca patrones.
Calcula.
Arriesga.
Y, sobre todo, intenta leer al contrario.
Cuando se introduce en el caso de Chevalier hace exactamente lo mismo. Los vídeos son información. Los movimientos del asesino son información. Sus ojos son información. La reacción del acusado también puede ser información.
Por eso mi lectura del momento en que aparece caracterizada como Camille es muy concreta.
Está jugando una mano.
Kelly-Anne sabe que puede reproducir la apariencia de la víctima y coloca delante de Chevalier el estímulo más brutal posible.
Después observa.
Busca un tell.
Y él reacciona.
La otra gran pieza es el alias de Kelly-Anne: LadyOfShalott.
En el poema de Alfred Tennyson, la Dama de Shalott permanece aislada en una torre y contempla el mundo indirectamente mediante un espejo.
Kelly-Anne también vive en su particular torre.
Mira el mundo mediante pantallas.
Hasta que deja de hacerlo.
Encuentra aquello que buscaba. Ve el vídeo. Adopta la imagen de Camille. Entra en su casa. Entra en su habitación.
Cruza físicamente la frontera que separaba al observador de aquello que observa.
Y resulta difícil creer que el apellido Chevalier sea completamente casual: chevalier significa caballero en francés.
Ahí está probablemente lo que más me gusta de Red Rooms.
No quiero ninguna de las dos respuestas.
Kelly-Anne consigue aquello que la justicia no había conseguido: encuentra la pieza que faltaba para demostrar definitivamente qué ocurrió.
Pero para hacerlo penetra voluntariamente en el horror.
Y parece sentirse mucho más cómoda allí de lo que nosotros querríamos.
Puede haber justicia en sus actos y voyeurismo en sus motivaciones. Inteligencia y obsesión. Empatía y apropiación. Una cosa no necesariamente elimina la otra. Esa ambigüedad ya aparecía en nuestro análisis: resolver el caso no convierte automáticamente a Kelly-Anne en una persona "buena". Texto pegado
Por eso Red Rooms me ha terminado pareciendo extraordinaria.
No necesita enseñarnos el contenido de las red rooms.
Nos coloca delante de Kelly-Anne mientras ella mira.
Y nosotros hacemos exactamente lo mismo con ella.
Miramos.
Nota: 9/10.
Etiquetas: pelicula
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