Hay películas que buscan emocionarte, otras hacerte pensar y algunas simplemente conseguir que pases un buen rato. Novocaine, dirigida por Dan Berk y Robert Olsen, pertenece a este último grupo. Y conmigo ha funcionado.
La premisa ya tiene su gracia: un tipo aparentemente normal que, debido a una extraña condición genética, no puede sentir dolor. Cuando la chica que le gusta es secuestrada durante un atraco, termina convertido en una especie de héroe de acción involuntario. Una idea bastante disparatada, pero que da muchísimo juego.
Jack Quaid es uno de los grandes aciertos. Tiene esa cara de buena persona que encaja perfectamente con un protagonista que no sabe muy bien dónde se está metiendo. No es el típico héroe invencible, aunque su condición le permita soportar situaciones que dejarían fuera de combate a cualquiera. Y precisamente ahí está buena parte del humor.
La película combina acción, comedia, romance y una violencia bastante exagerada. Hay momentos realmente absurdos, pero forman parte de su encanto. No intenta tomarse demasiado en serio y eso le sienta bien.
También agradezco algo que cada vez valoro más: el ritmo. Sus casi dos horas se me han pasado rapidísimas. Siempre está ocurriendo algo, las situaciones van subiendo de intensidad y el humor ayuda a que todo resulte ligero, incluso cuando la violencia se desmadra.
¿Es una película extraordinaria? No. ¿Tiene un argumento especialmente profundo? Tampoco. Pero me he divertido, me he reído y no he mirado el reloj.
Y eso, aunque a veces se nos olvide cuando hablamos de cine, también tiene mucho mérito.
Conclusión: una comedia de acción gamberra, entretenida y sin grandes pretensiones. De esas que terminas con una sonrisa y pensando que has aprovechado bien un par de horas.
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Y luego otra.
Porque aparentemente estamos ante un thriller judicial sobre un hombre acusado de cometer y grabar unos crímenes atroces. Sin embargo, Pascal Plante toma una decisión mucho más interesante: desplaza progresivamente el centro de la película desde el acusado hacia las personas que lo observan.
Y especialmente hacia Kelly-Anne.
Hay algo que agradezco muchísimo: Red Rooms entiende Internet.
No utiliza la dark web como simple decoración para dar miedo. Todo el ecosistema digital de Kelly-Anne resulta coherente con el personaje: privacidad, anonimato, criptomonedas, Bitcoin, Tor, comunidades online, mercados clandestinos, póker, seguridad informática...
Incluso referencias como Reddit ayudan a construir un mundo reconocible.
Parece una tontería, pero no lo es. En muchísimas películas basta con que aparezca un hacker escribiendo furiosamente delante de seis monitores para que tengamos que aceptar que sabe informática.
Aquí no.
Kelly-Anne parece realmente una persona que vive dentro de Internet.
Y eso es esencial para comprenderla.
El póker podría parecer inicialmente otra característica excéntrica del personaje. Para mí acaba convirtiéndose en una de las claves de toda la película.
Kelly-Anne observa.
Busca patrones.
Calcula.
Arriesga.
Y, sobre todo, intenta leer al contrario.
Cuando se introduce en el caso de Chevalier hace exactamente lo mismo. Los vídeos son información. Los movimientos del asesino son información. Sus ojos son información. La reacción del acusado también puede ser información.
Por eso mi lectura del momento en que aparece caracterizada como Camille es muy concreta.
Está jugando una mano.
Kelly-Anne sabe que puede reproducir la apariencia de la víctima y coloca delante de Chevalier el estímulo más brutal posible.
Después observa.
Busca un tell.
Y él reacciona.
La otra gran pieza es el alias de Kelly-Anne: LadyOfShalott.
En el poema de Alfred Tennyson, la Dama de Shalott permanece aislada en una torre y contempla el mundo indirectamente mediante un espejo.
Kelly-Anne también vive en su particular torre.
Mira el mundo mediante pantallas.
Hasta que deja de hacerlo.
Encuentra aquello que buscaba. Ve el vídeo. Adopta la imagen de Camille. Entra en su casa. Entra en su habitación.
Cruza físicamente la frontera que separaba al observador de aquello que observa.
Y resulta difícil creer que el apellido Chevalier sea completamente casual: chevalier significa caballero en francés.
Ahí está probablemente lo que más me gusta de Red Rooms.
No quiero ninguna de las dos respuestas.
Kelly-Anne consigue aquello que la justicia no había conseguido: encuentra la pieza que faltaba para demostrar definitivamente qué ocurrió.
Pero para hacerlo penetra voluntariamente en el horror.
Y parece sentirse mucho más cómoda allí de lo que nosotros querríamos.
Puede haber justicia en sus actos y voyeurismo en sus motivaciones. Inteligencia y obsesión. Empatía y apropiación. Una cosa no necesariamente elimina la otra. Esa ambigüedad ya aparecía en nuestro análisis: resolver el caso no convierte automáticamente a Kelly-Anne en una persona "buena". Texto pegado
Por eso Red Rooms me ha terminado pareciendo extraordinaria.
No necesita enseñarnos el contenido de las red rooms.
Nos coloca delante de Kelly-Anne mientras ella mira.
Y nosotros hacemos exactamente lo mismo con ella.
Miramos.
Nota: 9/10.
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ay películas de acción que intentan construir grandes historias alrededor de sus peleas. The Furious hace prácticamente lo contrario: construye una historia sencilla para tener una razón que permita encadenar algunas de las mejores peleas que he visto últimamente.
La premisa podría pertenecer perfectamente a una película de Jason Statham: la hija de Wang Wei, un experto en artes marciales, es secuestrada por una organización dedicada al tráfico de menores y su padre sale a buscarla. Por el camino se cruza con un periodista que también busca a su esposa desaparecida.
No hace falta mucho más.
Porque el verdadero protagonista de The Furious es la acción.
Y aquí hay una explicación importante: estamos ante el debut como director en solitario de Kenji Tanigaki, pero no precisamente ante un recién llegado. Tanigaki lleva años trabajando como especialista y coreógrafo de acción, con películas como Raging Fire o La ciudad de los guerreros en su trayectoria.
Se nota.
Una de las cosas que más me ha gustado es que las peleas se entienden. No necesitan esconder continuamente los movimientos detrás de veinte cortes por segundo. Ves los cuerpos, los golpes, las caídas y cómo utilizan el espacio que tienen alrededor.
Y vaya gente tiene para hacerlo.
Está Xie Miao, con una larguísima experiencia en artes marciales; pero además aparecen Joe Taslim y Yayan Ruhian, lo que inevitablemente trae recuerdos de The Raid. De hecho, Taslim y Ruhian ya se enfrentaron en aquella película.
Ese ADN se nota muchísimo.
Las peleas no consisten simplemente en dos tipos intercambiando puñetazos. Utilizan objetos, diferentes espacios y varios combatientes simultáneamente. Hay enfrentamientos con escaleras, bicicletas, señales y todo lo que encuentran alrededor.
Y luego está el tramo final.
Ahí directamente se desata todo. Varios luchadores, distintos estilos y una coreografía que consigue algo dificilísimo: montar un caos enorme sin que tú pierdas completamente la noción de quién está pegando a quién.
¿Tiene una gran historia? No.
¿Tiene personajes profundísimos? Tampoco.
Pero creo que sería juzgar mal la película pedirle eso. The Furious sabe perfectamente cuál es su objetivo y dedica prácticamente todos sus recursos a conseguirlo.
Hacer una película de artes marciales espectacular.
Y conmigo ha funcionado de maravilla.
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